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La diabetes lo mata a pedazos

Que tu aliemto sea tu medicina y tu medicina tu alimento. La diferencia entre un medicamento y un veneno, está en la dosis nada màs.

La diabetes... contada por ellos mismos

Las historias que nos cuentan quienes han padecido diabetes, nos pueden sonar trilladas. Pero piense en ellos como personas que alguna vez estuvieron sanos, que podìan comer sin preocuparse por la cantidad de carbohidratos que consumían, y daban por sentado que que tenían pies y manos bonitas, y una hermosa piel de color sonrosado, que no subían de peso cuando venía la navidad porque aún no padecían de resistencia a la insulina, y jamás habían experimentado un coma diabético, la amputación de un pie, la pérdida de la vista, la pérdida de un riñón y cuyas familias podían vivir su vida sin tener que estar ocupados en ellos todo el tiempo, ya sea en un hospital o en sus casas cuidando de un diabetico en silla de ruedas.

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Y esta es la historia de Bety de Xalisco, Nayarit

"Al igual que la mayorìa de las personas que tienen diabetes sin diagnosticar, yo no creía que a mi pudiera pasarme la horrible pesadilla que viví hace un año. Debido a mis antecedentes familiares, mis hermanos me decían con frecuencia que me revisara, que podía traer el azúcar alta, pero les contestaba que yo no quería saber si tenía diabetes, que prefería vivir tranquila..

Primero se me inflamó un pie despuès de haber usado unas botas que me quedaban un poco ajustadas, pero pensé que se me iba a quitar la inflamación y no asistí a recibir atención médica, a pesar de que todos los síntomas señalaban a una neuropatía diabética.

Al persistir la inflamación y el dolor, asistí al Seguro Social donde simplemente me dieron un anti inflamatorio. Pero mis problemas siguieron aumentando y con los días asistí a un curandero que alabaron como el mejor del mundo, pero éste gran charlatán e ignorante me ordenó meter el pie super hinchado y adolorido ¡en agua caliente y sal!. Mi pie reventó como fruta podrida y de ahí en adelante se vino la amputación de algunos dedos de mi pie, y los largos meses de recuperación, depresión y desconsuelo, ahora estoy bajo la atención especial de una nutricionista y naturópata, y pude recuperar parte de mi salud, y digo parte, porque el grave daño causado por años de diabetes sin diagnosticar y traer el azúcar alta, dañó de forma irreversible mis pies, y siempre corro el riesgo de sufrir una infección grave si descuido mi alimentación.

Asombrosamente, ya no necesito medicamentos para controlar mi azúcar, la cual siempre oscila entre 80 a 100 de forma natural y por medio de llevar una alimentación completa, nutritiva y sabrosa, y estar activa.

Sobre todo, es increíble ver cómo mis nuevos hábitos de alimentación me han adelgazado. ¡No existe felicidad si no hay una buena salud!

 

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Y esta es la historia de Ricardo Vera, de Estados Unidos

Hace nueve meses, cuando se acercaba mi cumpleaños número 45, no tenía la menor sospecha de que soy diabético. Al igual que muchos hombres de mediana edad, visitaba a un médico sólo cuando un espasmo muscular en la espalda, o la gripe me hacían comprar una receta médica.

Cuando mi esposa Liz me pidió que programara una inspección de rutina en la primavera pasada, asentí con la cabeza y no hice nada. Ella me lo pedía con bastante insistencia porque estaba subiendo mucho de peso – pesaba 125 kilos - y yo seguía asintiendo con la cabeza. Después de dos meses de insistencia, ella me pidió que hiciera la cita con el médico como un favor a ella, y en junio, estuve de acuerdo.

Mi último examen físico fue en 1999. En ese momento, mi médico (llamémosle Dr. McFerrin, ya que su actitud es "No te preocupes, sé feliz") dice que mi nivel de colesterol era alto (272) - y que debía bajar de peso y hacer más ejercicio. Asentí con la cabeza.

Pocos días después de mi examen físico, el Dr. McFerrin llamó para decir que mi nivel de colesterol total había aumentado a 304 (algo por debajo de 200 es normal) y mi azúcar en la sangre - o el nivel de glucosa plasmática en ayunas - se situó en 169. En ese entonces, la diabetes no significaba nada para mí, pues nadie en mi familia lo padecía o lo había padecido ni sabía nada de valores altos o bajos de glucosa. Además, el tono de voz del doctor sonaba casi despreocupada. Sólo me recomendó que volviera para realizar un nuevo análisis de sangre en unos días más para ver si los números eran exactos. Lo hice, y esta vez mi azúcar en la sangre fue aún mayor - 206 -, mientras que el colesterol se cernía en torno a 300.

"Te voy a poner bajo medicación", me explicó el Dr. McFerrin con la misma despreocupación de siempre. Él escribió una receta para comprar un medicamento que yo iba a tomar después del desayuno y cena para bajar mis niveles de glucosa. Para mi nivel de colesterol, me recetó una estatina. "Debes seguir una dieta para bajar al menos 20 kilos y hacer más ejercicio y volver en un mes", dijo de forma casual, y agregó que se iba por unas semanas, y que podía llamar a otro médico en su clínica si tenía cualesquier preguntas relacionadas con mi dieta.

El Doctor nunca me mencionó la diabetes, y yo no tenía idea de lo que es un nivel de azúcar en la sangre normal. Esa noche, estuve investigando en Internet y descubrí que un nivel de azúcar en la sangre de menos de 110 miligramos por decilitro de sangre es normal. Una lectura de 110 a 125 es "anormal" o "elevado". Y cuando se sube a 126 o más alto, significa que tienes diabetes.

Yo no podría haber quedado más sorprendido, disgustado conmigo mismo y deprimido. Una enfermedad crónica, la diabetes se produce cuando el cuerpo no produce o no utiliza adecuadamente la insulina y, por tanto, no está en condiciones de mantener niveles normales de azúcar en la sangre. Por lo general es genético, pero ni mi madre ni mi padre lo tienen, ni mis abuelos, ni nadie cercano a mí. A menudo, las personas tienen señales de advertencia de que han desarrollado la enfermedad, incluyendo micción frecuente, sed inusual o pérdida de peso, hambre extrema aún después y fatiga, irritabilidad, infecciones frecuentes, visión borrosa y sensación de hormigueo o entumecimiento de manos o pies. Yo no.

Soy productor de un programa de televisión que se llama "Good Housekeeping" de noticias de televisión, y había entrevistado recientemente al Dr. Robin Goland, director del Centro de Diabetes Naomi Berrie, en Nueva York, quien – recuerdo bien- había dicho que una vez que es diagnosticado con diabetes, usted necesita tomar acción inmediatamente.

Armado con este conocimiento, le di la noticia a mi esposa y a mis padres, quienes insistieron en que buscara un especialista en diabetes. Esta vez, tomé el consejo en serio y programé una cita con el Dr. Goland.

La noche antes de mi visita, mi esposa y yo cenamos en un restaurante italiano. Yo había leído lo suficiente sobre la diabetes y el colesterol para entonces tenía una idea más o menos aproximada acerca de lo que debo y no debo comer. Por eso, heroicamente sólo pedí una ensalada y una pasta con ajo y aceite, evitando con firmeza la deliciosos palitos de pan. Luego cometí un pecado imperdonable: Pedí un refresco Sprite. Mi esposa saltó de su silla y salió corriendo de la mesa - para expresar su rechazo agudo, así como su temor de que el Sprite me matara en cuestión de minutos. No me lo tomé.

Cuando me reuní con el Dr. Goland, yo creí que él estaría de acuerdo en que Liz había reaccionado de forma exagerada. De ninguna manera. En su lugar, el Dr. Goland explicó que hay algunos alimentos que ahora debe hacer hasta lo imposible para evitarlos. El refresco era uno de ellos, aunque ahora sé que los azùcares "light" empeoran mi problema de salud.

Fue entonces cuando me enteré de que no era solamente el azúcar sino en general todos los hidratos de carbono los que empeoraban mi condición de hiperglicemia. Según el Dr. Goland, el número de carbohidratos que consume aumenta su nivel de glucosa en la sangre. No importa si los carbohidratos provienen de un chocolate o de un puré de papas (o un refresco). Si usted come o bebe más de cuatro raciones de hidratos de carbono (uno es igual a cerca de 15 gramos) en una comida, el azúcar en la sangre le subirá. (Un vegetal con tan sólo cinco gramos de carbohidratos, cuenta como una tercera parte de una porción. Una rebanada de pan integral cuenta como una porción)

Para realizar el seguimiento de azúcar en la sangre, el Dr. Goland me dijo que iba a necesitar medir mi nivel de glucosa en la sangre cuatro veces al día pinchándome el dedo índice con una lanceta, dejando caer un poco de sangre en una tira de papel, e insertando la tira en un plástico medidor digital. Me pidió enviarle por fax los resultados a su oficina el fin de semana. Y cuando mi nivel de glucosa subía demasiado, debía enviarle un registro de todo lo que había comido ese día.

Asimismo, el Dr. Goland me ordenó que hiciera ejercicio durante 20 minutos al menos tres días a la semana para bajar de peso y controlar mi diabetes mejor. Hizo hincapié en que una dieta sana y ejercicio regular tendría el beneficio añadido de bajar mi colesterol. Yo entonces no tenía idea de qué tenía que ver el colesterol y la diabetes. Yo iba a seguir tomando Glucophage y estatina.

"¿Usted toma una aspirina al día para prevenir un ataque al corazón?" – me preguntó. Negué con la cabeza. "Usted debe hacerlo ahora."

Siguiendo el consejo del Dr. Goland, tuve mi examen de la vista, ya que los diabéticos están en riesgo de padecer glaucoma - que conduce a una pérdida progresiva de la visión. (Ahora necesito examinar mis ojos cada año.) También tenía que ver a un nutricionista para hablar sobre mi dieta y aprender a tomar mis lecturas de azúcar en la sangre. Mis ojos estaban bien. Pero la reunión con el nutricionista fue una verdadera revelación.

Antes de verla, yo creía tener buen conocimiento de lo que era una comida saludable en un restaurante chino: sopa de wonton, pollo al sésamo, un plato de arroz blanco y té caliente (sin rollos de huevo!). Orgulloso de mí mismo, me encontré con el nutricionista y me hizo el examen de la glucosa por primera vez. Cinco segundos después, me quedé petrificado con incredulidad. Mi azúcar en la sangre fue de 251!

¿Cómo podría ser eso? Yo adoraba la comida china, y ahora sé que es una cocina con la cual los diabéticos tienen que tener cuidado. Eso es en parte debido a que las entradas se han sumergido en una masa dulce y frita, y en parte porque los diabéticos no deben comer un plato entero de arroz cargado de carbohidratos.

Descubrí que manejar mi ingesta de hidratos de carbono no es como hacer dieta. No se puede disfrutar en una comida de todo cuanto se me antoje y escatimar en la siguiente, y esperar que todo fuera normal. Una vez que usted come demasiados carbohidratos, éstos entran a su sangre y a sus glóbulos rojos y dañan su cuerpo. De hecho, es importante hacer tres comidas al día aproximadamente a la misma hora cada día.

Pero ¿qué podía comer, además de los legumbres, lechuga (y no todos los días!), y pescado? La respuesta: un poco de todo de todo y casi ninguno de algunas otras cosas como dulces y jugos de fruta. La nutrióloga me indicó una dieta baja en carbohidratos, sumamente variada y nutritiva sin faltar nada, excepto alimentos con un elevado contenido de carbohidratos como jugos, azucares, postres, pastas, arroz y un exceso de frutas.

Mientras escribo esto, estoy entrando en mi quinto mes como diabético. Estoy llevando una vida bastante normal. He perdido 20 libras pues me obligo a mí mismo a caminar más durante el día, y también a usar mi cinta de correr en casa durante 20 minutos tres veces por semana. Mi colesterol se ha desplomado desde 300 hasta 130, y mis lecturas de azúcar en la sangre normalmente oscilan entre 85 y 105. De hecho, han sido tan decentes que el Dr. Goland ahora me permite tomar las lecturas dos veces al día, en lugar de cuatro.

El mantener constantemente por debajo de 100 el nivel de glucosa en la sangre, me ha liberado de muchas enfermedades y del miedo de amanecer un día con un pie gangrenado y sufrir una amputaciòn. Desde mi diagnóstico, mi esposa se ha dedicado a cocinarme y preparar alimentos saludables pero sabrosos en casa, bejo el tratamiento de una nutricionista y naturópata mexicana que conocì a través del internet hace pocos meses, y quien nos trata a distancia, pues ella vive en el estado de Nayarit..

Nunca más volví a ver al Dr. Mc Ferrín que mencioné al principio. Nadie que verdaderamente se preocupe por su salud, debería verlo jamás.

 

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